Hombres y mujeres viviríamos en una sociedad más rezagada y desigual, de no ser por la visión, compromiso, trabajo y elecciones de las mujeres.

Muchas decisiones relevantes en el hogar son tomadas por mujeres: educación, nutrición, desarrollo de habilidades, tiempo libre, solo por mencionar algunas.

Ellas eligen a qué escuela irán los hijos, también deciden sobre la alimentación en el hogar, influyen sobre cómo usar el tiempo y el presupuesto. Aun sin contar con un trabajo remunerado, su impacto en la economía es notable. En las empresas también deciden, influyen, marcan tendencia y enfrentan desafíos como el de conciliar el trabajo y la familia, o distintos intereses, muchas son consumadas malabaristas.

Honremos y reconozcamos a las mujeres: mamás, hermanas, tías, abuelas, colaboradoras, hijas, amigas, esposas, emprendedoras, maestras, investigadoras, artistas, escritoras, chefs, doctoras, enfermeras… que se han atrevido a desafiar el status quo, que decidieron innovar en su vida y darle vida a sus ideas.

La entrega e inspiración de las mujeres es suficiente para asegurarles las mejores condiciones en el hogar, el trabajo, la escuela, los espacios públicos, el ciberespacio. Cuando promovemos entornos seguros y amigables para las mujeres, en realidad cuidamos de las familias y de la comunidad completa.

Las mujeres decidimos avanzar, hace tiempo, y queremos bienestar para nosotras y nuestras familias, integradas por hombres y mujeres. El bienestar de las mujeres se refleja en el progreso de la sociedad.

El 8 de marzo es un recordatorio del poder que las mujeres tenemos y los desafíos para hacer de este mundo un mejor lugar para vivir, tengámoslo presente.

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